jueves, setiembre 29, 2011

Namaste desde Nepal!
Cuando vengo caminando desde Sanepa paso por entre callejuelas realmente angostas. Mis pensamientos también angostos a las seis de la mañana se amontonan unos a otros. Esto lo debo escribir, pienso. Y me lleno de ideas en los 45 minutos de caminata. Entonces diseño en mi mente el blog, las entradas, los comentarios que voy a recibir. En ese momento estoy llena de energía. Esta vez lo conseguiré, me digo a mí misma.
Entonces llego a la casa. Me quito todo el sudor y contaminación de mi cuerpo. Me echo crema. Me peino. Pelo dos bananos y me sirvo un gran vaso con agua. Me siento al computador. Mi mente se pone en blanco. ¿A dónde se han ido todas las ideas que tuve minutos atrás? ¿Y mi entusiasmo? Es como si mi energía fuera chupada por el hoyo negro que habita un paso enfrente mío.
Vuelven a mí todas las razones por las que no debo abrir el blog. Y de pronto hay dos razones positivas que salen a flote: ¿y por qué no escribir un blog sobre Nepal? ¿por qué no contar la perspectiva de una mujer latinoamericana en un país asiático y tan diferente como es Nepal? Y entonces pienso, sí, y ¿por qué no? Así que desde hoy reactivaré este blog.
Ahora un poco de mí: vivo en el valle de Katmandú. Me deleito desde mi ventana con los Himalaya cuando está despejado. Descubro cada mañana los saris coloridos y el saludo amable de la gente. Disfruto comiendo dahl (lentejas) y chapati y comida picante en su esplendor. Por alguna extraña razón, hay una fuerza en mí que me está pidiendo a gritos escribir sobre este país y sobre mi vida aquí. ¡Lo intentaré!